Cuando el telón esta enredado al caer.

Nico Rosberg, Lewis Hamilton, Max Verstappen, Interlagos, 2016

Como es frecuente, el Gran Premio de Brasil inmerso en su natural caos fue otro épico episodio de la Fórmula Uno en un antiguo pero siempre emotivo escenario. El agua bien sea en las emotivas lágrimas de un errático Felipe Massa o bien en la pertinaz lluvia del domingo hizo de las suyas. La política se movió duro fuera de las pistas. Magnussen prefirió moverse a Haas antes de que Renault le excluyese. Palmer fue a cambio ratificado. Previamente Ocón tuvo mas fortuna que Werhlein que seguirá en un equipo del fondo pese a tantas bambalinas que le acompañan. Y esto solo con un puñado de Grandes Premios encima. Y Stroll fue confirmado en Williams por su talento y por su chequera. Lo demás, sería tapar el sol.

Ya adentro del paddock, FIA decidió moverse para “aclarar” sin éxito sus posturas en el Gran Premio Mexicano. Whiting no convenció a nadie en la inédita rueda de prensa mezclado entre pilotos. Como consecuencia, Arribavene intentó una maniobra de los tiempos de Jean Todt y Ross Brawn: Apelar la sanción pero sin éxito. Previsible.

Y llegó el gran día. Precedido de un cerrado duelo en calificación entre los Mercedes y un Hamilton al límite pero sin un mínimo ápice de error. La mesa estaba servida y la segunda fila con un fino Raikkonen y ese precóz fenómeno llamado Verstappen a la saga.

La lluvia desde temprano, emparramó el Jose Carlos Páce. La emoción creció en la proporción lógica de lo que han significado las historias en Interlagos a lo largo del tiempo. Y esa lluvia hizo emerger lo mejor y lo peor de la Fórmula Uno en estos días. En estas últimas dos décadas.

La exacerbada previsión de la Federación Internacional de Automovilismo, con sus rigurosos protocolos de previsión lanzaron el auto de seguridad en el retrasado inicio de la justa. Previamente, Romain Grosjean camino a ordernarse en la grilla habría estampado su Haas en la subida y ello posiblemente hizo revertir la intención inicial de largar sin el Mercedes de Maylander. Lo que vendría después sería una comparsa de ocho vueltas y luego una bandera roja tras el duro choque de Raikkonen en plena recta principal. Vettel espetaría que había que detener la justa pues pudo colisionar a su compañero de manera frontal.

La carrera reiniciada bajo el auto de seguridad, nuevamente se detendría ocho vueltas mas tarde por las lluvias que nunca fueron un diluvio universal. Eran sí, en un escenario que suele caracterizarse por sus pozos y malos drenajes pero no pocos pilotos pedían que la carrera lejos de volverse a detener, mas bien emergiera en su desarrollo. Hamilton por ejemplo.

Afortunadamente, las angustias de procedimientos no evitaron las delicias de dos volantes en pista: El líder Hamilton impávido, decidido, energizado sin una duda al mando de su W07 y Max Verstappen. El holandés fue el que verdaderamente recordó al Ayrton Senna de Donnington en 1993. Y vaya que sino: Con cinco ingresos a boxes -uno de de ellos un grueso error de Red Bull al colocar gomas intermedias cuando arreciaba lluvia- remontó trece casillas con adelantamientos de toda índole a pilotos consagrados y máquinas capaces. Dos momentos memorables fueron cuando corrigió una pérdida de control plegado a la subida antes de boxes con una pasmosa maniobra de corrección y el otro, un adelantamiento excepcional contra -Gulp- Vettel que luego se quejaría tibiamente sin consecuencia alguna.

Aparte de lo dicho, mención especial merecen los Force India encabezados por Checo Pérez que estuvo largo rato dentro de la opción de podio. Carlos Sainz a quién la lluvia le permitió compensar la falta de motor, y el local Felipe Nasr que fue la sorpresa al ofrecer los dos únicos puntos a Sauber en el año y posiblemente haberse anotado su renovación en el plantel suizo.

No se pasaría por alto a Alonso en el P10 muy superior a un decepcionante Button pero carente de la garra esperada en el escarceo que tuvo con Vettel. Y el francés Esteban Ocón que acarició la zona de puntos en P12 también merece reconocimiento.

Ya al término, Hamilton no dudó en lanzar sus juegos mentales. Se definió “A la caza” y dijo que fue “La carrera mas fácil de ganar en diez años”. Por otra parte, Rosberg administró con sapiencia y hasta llegó a corregir un momentáneo descontrol con mucha frialdad pero no impresionó a nadie. Busca el campeonato con la minimización de daños posible. No es bueno para el espectáculo pero sí para las estadísticas.

Nos vemos en Abu Dhabi. Los encendidos de televisores están garantizados.

 

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