Red Bull: Genio y arrogancia.

El ingreso de Red Bull a la Fórmula Uno ha sido una bendición. Los dilectos de Mateschitz llegaron con recursos, un organigrama gerencial y técnico de primera y una filosofía clara, nítida, certera. En poco tiempo revolvieron el panorama de dominio en lo que a equipos se refiere y ello, luego de recibir despectivas perspectivas desde sus rivales que le consideraban un hecho accidental, casi pasajero.

Cinco títulos al hilo enmudecieron los gritos de los pesados dinosaurios. La afinada maquinaria de Milton Keynes produjo monoplazas imbatibles combinados con talento vivo. El programa de desarrollo de pilotos con tentáculos bien ramificados en categorías inferiores colocaba además a muchachos de primera línea en los bólidos capitalizados por los brebajes de Austria.

Las primera señales de cómo se manejaría este programa en cuatro asientos en Fórmula Uno -Dos en el equipo medio (Toro Rosso) y los otros en el “Premium” (Red Bull Racing) llegaron con los “Incisos” de intercambios que padecieron Klien, Buemi o Alguersuari. Webber y Coulthard eran simples pilares. Luego, aparecieron las reyertas emergentes para Ricciardo, Sainz, Da Costa, Vergne entre otros. Vettel; Se había consolidado desde el día en que con genialidad llevaría a aquella histórica victoria en húmedo a Toro Rosso con la meta en ganancia en Monza.

La sentencia firme de esa especie deSeverus Snape” que es Helmut Marko sobre las duras expectativas para los pilotos que se esperan del programa de pilotos y máxime cuando alcanzan la Fórmula Uno ha roto esquemas. Red Bull parece haber destapado las cañerías de un mercado de pilotos siempre en movimiento, voraz, exigente. Desecharon la idea de un Alonso o Raikkonen: Costosos y “viejos” y apuestan a movidas de corta duración pero de éxito máximo. Así de preciso.

Hasta acá todo en el límite de la admiración y la sorpresa. Pero defenestrar a un piloto del equipo “A” al “B” con apenas cuatro carreras cumplidas y un podio cumplimentado es el éxtasis de la agalludez. Mas aún, argumentar que se debe a las “tensiones internas en el equipo (Toro Rosso)” o a la “protección debido a el estrés ante circuitos tan difíciles como Mónaco o Canadá” del volante desmejorado. A pesar de los aplausos de los encumbrados “analistas” y la excitación natural que genera un movimiento de esta índole (Inédito en la Fórmula Uno) sobre todo por la promoción al indudable fenómeno en potencia que parece ser el holandés Max Verstappen, Red Bull; Podría pasarlo mal en el presente y futuro inmediato y sentar un precedente peligroso que se haga “viral” a otros equipos.

De la misma manera desacertada que hicieron reclamos públicos y deshonrosos a Renault y por los que muy bien pudieron quedar auto excluidos de la Fórmula Uno al haber un acuerdo tácito para dejarles sin motor, Red Bull ahora expone la moral de Kvyat cuyo pecado parece ser una doble colisión con Vettel en Rusia luego de las críticas exacerbadas que el germano le hiciese inmerecidamente en China.  Sin duda fue un desacierto grande y también es cierto que el nivel del ruso en cuatro carreras no estaba nada optimizado. Y… ¿Su dominio al “todo poderoso” Ricciardo en 2015 donde queda? ¿Qué demuestra la historia con Romain Grosjean aquel “Loco de la primera vuelta” al que Marko quiere tomar como ejemplo del “No deber ser” ? ¡Claro que tiene que ser así! Los seres humanos incluso en las situaciones mas tensas son perfectibles en sus talentos y la grandeza de los equipos deportivos pasaría por atenderles y ayudarles a mejorar hasta donde sea posible a recuperar su nivel. Lo hizo Ferrari con Massa en años recientes hasta llegar a un “tope” si bien en Maranello ayudaron a destruirle su moral (Fernando is faster Than You) y lo hizo Ron Dennis con Mika Hakkinen cuando en Adelaida una difícil situación parecía haberle mermado para siempre su valía.

Adicionalmente Carlos Sainz tiene su “reflujo” de presión ante la decisión. Si las cosas salen muy bien para Red Bull, Kvyat mantendrá un nivel elevado ante el otro “Vandermort” que es Franz Tost pero sino, será abandonado a su suerte como Buemi o Alguersuari sin un motivo claro.

Bienvenido el genio y compromiso con la categoría, bienvenida la ambición de ganar y hacer lo posible para lograrlo pero pulgar abajo a la arrogancia. Los rivales, podrán construir escuelas de pilotos con mejores prácticas si aprenden de esta lección. Y Red Bull seguirá construyendo su espinoso camino de antipatías solo porque según en el extraño mundo racional de algunos “En la Fórmula Uno todo es así”

 

 

 

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