Un pentacampeón sin fisuras

Lewis Hamilton se ha coronado pentacampeón del mundo en la Fórmula Uno. Aunque en 2018 vivió momentos en donde parecia podía sucumbir ante el poderoso monoplaza de Ferrari y su némesis Sebastián Vettel el inglés -fiel a su esencia- se mantuvo siempre en alza. Cuando no ganó llegó o muy cerca o bien se prometió a si mismo resarcirse en la próxima oportunidad. Y así se coronó con comodidad a falta de dos fechas para el final del campeonato.

Y así lo describe Nico Rosberg, el único que compititiendo frontalmente le sacó un título de la manga: “Tienes que aprovechar sus momentos de debilidad porque emergerá mas fuerte que nunca”

Hamilton combina un talento indiscutible con una gran seguridad en si mismo. Disfruta los autos, la competición, ganar o recuperarse tras perder. Tiene las palabras precisas para demostrar que es un competidor noble, justo, limpio pero jamás genuflexo o débil. Es un iconoclasta como lo prueban sus peinados, tatuajes, vestimenta y vida de “rico y famoso” Humilde no es una palabra que le calza bien pero viene desde un trabajado mundo en donde la abundancia de recursos y los problemas personales no le faltaron en su niñez. Los superó con trabajo, dedicación y siempre disfrutando lo que hace.

Como han sucedido con grandes íconos como Schumacher, Senna o Fangio a quién alcanza hoy en cantidad de títulos, puede ser derrotable pero no se repliega jamás. Demanda a su equipo dedicación y un nivel enorme de atención y exigencia pero también sabe reconocer en las mieles de la victoria y formar parte de un “team” con dedicación y mucho trabajo. Y puede disfrutar como cualquier chico jóven de su edad de una disco hasta altas horas de la noche, bien acompañado y estar fresco como una lechuga en pocas horas sin un ápice de desgaste.

A simple vista, Hamilton lo tiene todo para ganar mas títulos e igualar y quizá superar a Michael Schumacher. Pero la Fórmula Uno a veces da giros inesperados. Mercedes fue una gran decisión de su parte el día que le compró la promesa a Niki Lauda de aventurarse con la estrella de las tres puntas. Es la “suerte” que se compone del sentido de la oportunidad y del trabajo la que le ha permitido estar en el lugar correcto en el momento correcto. Quizás, su próximo desafio aparte de una Ferrari y un Vettel por fin precisos y armoniosos, sea el que ganó hoy de manera contundente el Gran Premio de México: Mas Verstappen. El holandés es el “presente-futuro” y tiene la garra y el talento necesarios para enfrentar a Hamilton. Necesitará sin embargo que la alianza Red Bull -Honda de resultado. Pero eso es ya otra historia que veremos desarrollarse a corto plazo…

 

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La llamada de Russell a Williams

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En las últimas semanas hemos tenido dos fichajes importantes en Fórmula Uno. Dos rivales en pista en categorías emergentes, ascienden como “Protegidos” por sendas escuderías que hoy día viven un momento crítico pero que en el pasado fueron la ambición de tantos… ¿Quién no querría ser titular en un Williams o McLaren en buena parte de los 80 y 90?

Lando Norris y George Russell. El primero vía McLaren y el segundo un protegido de Mercedes se estrenará con Williams. Es interesante que alguna vez estos equipos solo tuvieron volantes ganadores sea de carreras o campeonatos y ahora, deben conformarse -Especialmente McLaren- con una dupla de muchachitos imberbes pero talentosos, veloces pero inmaduros a toda vista. Pueden resultar un acierto o un fracaso dada la precocidad de sus carreras.

¿Cómo ocurre? En el caso de Williams hemos visto en los últimos años que generalmente la tendencia es a fichar como mínimo a un volante bien experimentado (Ejemplo Felipe Massa) y luego buscar un talento que tenga algún respaldo económico detrás. Fue así como Maldonado, Bruno Senna, Stroll y Sirotkin recalaron en el plantel inglés aunque se asegure que realmente no fueron sus chequeras los factores decisivos. De la lista, se salvan Hulkenberg, Rosberg y Bottas, este último una especie “Protegida” por este mecenas que fue accionista de Grove y que hoy dirige a Mercedes: Totto Wolff.

La anecdota de la llamada que dispensó Russella Williams para reunirse con Claire, la delegada por Sir Frank para sucederle en el trono, lo pone a uno a pensar ¿Existe tal frugalidad aún en una Fórmula Uno tan tecnificada y corporativa como inhumana y frívola? Habría que remontarse a la historia de un niño llamado Lewis Hamilton que en el lobby de un hotel no dudó en presentarse ante el mandamás McLaren Ron Dennis. El desparpajo y las altas valoraciones de su carrera en karting hizo que el dirigente prometiera y cumpliera con tomar en cuenta al moreno. El resto de la historia es harto conocida.

McLaren aparte de Norris contará con un apellido de quilates -Sainz- cuya historia tiene tejido desde Red Bull – Renault- siendo esta una dupla de volantes que no son ganadores algo inédito en el plantel de Woking (Y muy revelador). Williams, último en el tablero de constructores en este 2018, evalúa entre mantener a Sirotkin, dar una oportunidad a Kubica con los riesgos que ello representa y considerar a Ocón que unánimemente es una opción obligante bajo la tutela -Otra vez- de Mercedes.

Si tengo que escoger dos opciones contrapuestas, me fijo en el espectacular Verstappen y el lánguido Vandoorne, que saldrá sin pena ni gloria de Fórmula Uno  como tantos otros, Por ejemplo, Jolyon Palmer que no se asentaron en la centrífuga devoradora de talentos.

Uno deduce que son muchas cosas: Correr al lado de volantes hostiles del otro lado del garage que tragan los recursos de un equipo (Alonso) seguir contando con el patrocinio, entender que en Fórmula Uno el talento y la velocidad pasan no a un segundo plano sino a un nivel de idéntico valor en la planimetría y arquitectura de cada fin de semana. El muchacho que antes generaba olas de admiración por su osadía ahora debe ser una especie de apéndice de ingeniería y es esa mezcla de entender los muchos sistemas y conceptos de alta complejidad que suponen los monoplazas modernos lo que lo hará o exitoso o prescindible.

Así, que imaginarme a Russell llamando a Paddy Lowe para reunirse con él y Claire Williams es algo cándido. No porque no haya ocurrido sino porque le aporta algo de humanidad, de ilusión, de magia a las decisiones que toman los equipos ante la compleja labor de firmar un contrato con el muchacho que tendrá 900cv a sus espaldas y el duro compromiso de surgir por su propia suerte y de paso, remolcar a su equipo a mejores escenarios. Esos, que suponen 1 segundo por vuelta como una inversión mucho mas redituable que la interpretación de miles de millones de dólares en túnel de viento, y otros artilugios de estos tiempos…

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Honda: Tres años atrás humillados ahora viendo la luz del túnel.

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La calificación de Toro Rosso en el Gran Premio japonés, hogar de su constructor de motores Honda, ha dado que hablar. Los recientes y crecientes comentarios de elogio a la evolución sostenida del propulsor nipón ha acercado al plantel de Faenza a la parte mas alta de la zona media y este sábado concretamente fue motivo de referencia para todos sus rivales que están detrás de las tres fuerzas tope del campeonato, entre ellas Red Bull Racing el equipo matríz.

Quizás la carrera sea una decepción, quién sabe pero en los últimos cuatro Grandes Premios se nota una clara evolución del propulsor que el año que viene motorizará además de Toro Rosso a Red Bull. Según chismes corporativos ya los energéticos trabajan en el conjunto diseño del RB15 de manera armónica pues como Helmut Marko decía en semanas recientes, esta alianza es la “última oportunidad” para que los austríacos tengan su propia alianza para poder pugnar al mas alto nivel en el que se encuentra Mercedes y Ferrari. El fracaso del proyecto significaría una salida de la Fórmula Uno antes de seguir nadando como figuradores luego que con los V8 asestaran cuatro títulos en fila.

Acá hay algunas cosas relevantes. La paciencia rinde sus frutos. McLaren construyó con Honda una complicada alianza de la que se esperaban resultados inmediatos. Evidentemente los nipones subestimaron la complejidad de los V6 híbridos y la evolución fue lenta y traumática hundiendo a los de Woking en el fondo de la grilla y rompiendo el año pasado relaciones bajo la dirigencia de Zak Brown, ruptura que además significaba importantes compromisos financieros que quedaban suspendidos.

Red Bull tomó nota del testigo. Para 2017 ya Honda daba señales de surgimiento y decidió establecer alianza con su equipo “B” con los resultados que ya vemos. Mientras tanto McLaren inició una relación inédita con Renault que tiene su propio equipo y al que dirige lógicamente su enfoque. Tras un inicio “tibio” y con la usual arrogancia de tener “El mejor chásis ahora unido a un propulsor prometedor” los monoplazas naranjas están al fondo y esto incluye al ya prejubilado Fernando Alonso, justamente el mismo que abiertamente se quejó en el feudo de Honda de una manera abierta y amarga hace tres años comparando su rendimiento con los propulsores de la entonces GP2.

Si el año entrante Red Bull demuestra asertividad y Honda sostiene su progreso, entonces McLaren seguirá muy humillado, ya sin su principal activo (Alonso) y dependiente de que Renault de un salto cuántico con sus propulsores del que nunca será sin embargo su primera opción.

Así las cosas.

 

 

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Camino al campeonato: Totto gana y el “Wingman” pierde.

 

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Lo siento. Soy un primitivo. No tengo espíritu de hombre de poder, de tipo influyente. No puedo pensar como un “CEO” del mundo de la competición, tampoco como un jerarca ni dueño de equipo.

Detesto las órdenes de equipo como vengan y de donde vengan, haciendo pocas excepciones. Estas excepciones las aplico cuando técnica y numéricamente es muy poco probable o ya inviable que un piloto pueda optar al campeonato y entonces, con clara aceptación, se dedique a apoyar a su compañero y al equipo. Y aún así, siempre tendré una opinión tibia de este “competidor”

De las órdenes de equipo y conflictos de jerarquía mas notables, es difícil encontrar algo tan descarado como la maniobra de Ferrari en 2002 (Por cierto, con nada menos que Jean Todt presidente de FIA y Ross Brawn director deportivo de Liberty Media hoy día) para promover sobre la sentencia la victoria de Schumacher ante un manso Barrichello. Luego, podemos encontrar un ramillete décadas antes o décadas después. Massa con Fernando Alonso, Fisichella con Alonso, Raikkonen y Vettel en Mónaco 2017, aquel incidente jerarquico de Vettel con Webber y para llegar al grano; La necesidad imperiosa de Mercedes -Vía Totto Wolff- de garantizar resultados a favor de Lewis Hamilton y la estructura ante un Valtteri Bottas que iba a coronar su primera victoria del año tras su mala suerte en Baku. Con esto, los 50 puntos colocan en posición de privilegio a los germanos frente a una diluida respuesta de Maranello.

¿Pensar en la psiquis del piloto afectado? No, eso no tiene sentido. Es el poder por el poder, los intereses por los intereses ¿Afectará la imagen de la estrella de las tres puntas? Tampoco tiene sentido. Sus plateados bólidos de calles, llenos de cuero, madera, fibra de carbono, y tanto acabado exquisito, van dirigidos a fríos tecnócratas y ejecutivos cuyas culturas corporativas les llevan a alcanzar el éxito… A costa de lo que sea.

Sería interesante conocer algún estudio de como los televisores se han apagado -Y se van a apagar- en la medida que los “Top drivers” ganen no por mérito propio sino por prebendas que no pidieron. Lewis Hamilton hizo una gran carrera, adelantó limpiamente en pista a Vettel pero no alcanzaba los segundos bien llevados por Bottas. El bochorno de caras confusas y verguenzas disimuladas dejó en segundo plano la presencia del autócrata Putín y su séquito de caraduras que solo llegaron al circuito para saludar al mentor de las deformaciones de poder y dinero que la Fórmula Uno enquistó por años -Ecclestone- y luego promoverse con las fotos del poder mediático. Nosotros hicimos el Gran Premio, aplausos por favor.

Ferrari se derrumba. Vettel también. Uno lleva al otro conexo. Mercedes “encontró” una extraordinaria vuelta de tuerca para exprimir al máximo su W09 y convertirlo otra vez en referencia. Las palmadas se siguen sintiendo en la espalda de Bottas. Valtteri se consagra como otro manso, talentoso y disciplinado segundo volante de equipo. Verstappen mientras tanto fue lo mejor del Gran Premio y uno recuerda que aunque no tuviese la resistencia para seguir en Fórmula Uno, Nico Rosberg siempre impidió que Mercedes pudiese en algún momento usarle como “wingman” lo que es claro ejemplo de la necesidad en que los pilotos mantengan una viva dignidad y obviamente apliquen todo su talento para evitar ser engullidos por las directrices del poder.

 

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Camino al campeonato: Las esperanzas desvanecen.

Lewis Hamilton celebrates on the podium at the Singapore Grand Prix

Las esperanzas en dirimir el campeonato a final de año comienzan a desvanecer. 40 puntos son muchas unidades para que Sebastián Vettel resuelva esto a su favor. Y no, no es un deseo de que Ferrari y el germano capitulen frente a Hamilton y Mercedes. El deseo es el de la competencia, el de la rivalidad correcta y bien llevada hasta el final. El deseo es la resolución en un toma y dame de genialidades humanas que conviertan al hombre y a la máquina en una creativa masa de brillos que cambie circuito tras circuito.

De los buenos momentos que nos da 2018, Lewis Hamilton es responsable de varios de ellos. El sábado lo resolvió con otra calificación de lujo. Una demostración de superioridad e integración plena que se correspondía con sus expectativas del viernes al darse cuenta que su W09 tenía potencial. Eso, y a pesar del dominio de Red Bull en simulación de carrera alternando con Ferrari.  Y sí, aquello de que “Tengo que luchar contra mi mismo” se notó en la segunda tanda con la ida a las barreras para el tetracampeón germano.

Haber sacado una demostración en una vuelta que él mismo definió como “Mágica” fue explícito. A las mejoras hechas al monoposto plata se sumó la comodidad del portento inglés que no dudó un instante en poner en el asador todo su talento para obtener la posición de cuerda ante la atónita mirada de sus rivales, especialmente Vettel y Ferrari.

El domingo el trámite era pasar primero en la curva uno y lo demás, sería gestionarlo todo. El nerviosismo cruzó la línea hacia el paroxismo táctico en Ferrari que tras el éxito de Vettel al gestar la segunda posición antes el incómodo Verstappen, hizo una prematura detención para colocar gomas ultra blandas. El momento equívoco le hizo mezclarse en el feróz tránsito de la zona media para salir en momento clímax al lado del holandés que no cedió un milimetro retomando la segunda casilla. Hamilton y el volante de Red Bull irían por la estrategia posterior de gomas blandas que aseguraban el ritmo hasta final de carrera mientras el germano colocaba las frágiles ultra blandas pero condenado por el ritmo sostenido del piloto de Red Bull.

Estaba decidido: Hamilton controlaría todo sin contratiempos. Verstappen igualmente. Vettel se hundió con aire sucio en la tercera casilla y los pasajes de emotividad -Que solo fueron pasajes- se gestaron en la zona media en donde un hostíl Checo Pérez y un batallador Sirotkin llevaron buena parte del protagonismo, que por cierto, lo cargó Alonso con la séptima casilla liderando el pelotón medio, algo que no conseguía desde Australia. Sería como su segunda victoria en el notable segmento “Popular” de la grilla.

El esperando auto de seguridad no llegó jamás. Marina Bay fue un escenario de una clásica carrera de dominio de frontrunners y de guerra de nervios tácticas. Los murosde los equipos no tuvieron mayores sobresaltos. Hamilton ganaba a punta de factor humano y Mercedes daba otra bofetada de manual a Ferrari. Vettel, necesitará una  seguidilla de resultados óptimos ganando siempre y además un poco de mala suerte para su rival directo. No, no es imposible pero tampoco es lo que realmente se espera. Rusia aguarda. Veremos que tal transcurre.

 

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Camino al campeonato: Los pequeños detalles cuentan.

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Regresó la Fórmula Uno tras el parón vacacional. Dos Grandes Premios decididos. Dos escenarios de envergadura, míticos, con rica historia y paddocks llenos de calor y rumor. Los monoplazas que no descansaron en las factorías de ser remozados para extraer aún mas ventajas, esperaban por sus respectivos caballeros andantes para echar a rodar el remate final de un calendario que aún deja varios retos por delante.

Si alguien contraviene la lógica popular, tendría que enfrentarse a la idea masiva de que la Ferrari SF71H todavía vino mas afinada en una superioridad ya vista antes de vacaciones. Pero la adversidad en el tablero de puntos podía solo ser explicada en el pequeño detalle del factor humano al volante. Ese que en este caso, es guiado por Sebastián Vettel con la cúspide de su equívoco vista en su Gran Premio de casa, Hockenheim Ring.

Spa-Francorchamps ofreció una oportunidad que el germano no desperdició. Aunque el sábado nuevamente su archirival brilló con luz propia bajo condiciones de clima templado, el domingo Vettel atacó con seguridad y resolvió la cuestión con una Ferrari que rápidamente puso calor en sus gomas para ganar con contundencia y claridad el Gran Premio de Bélgica. Mas aún, lo significativo no fue en sí la victoria sino el “cómo” la consiguió, con fortaleza, con decisión en plena primera vuelta, con un adelantamiento inobjetable incluído para finalizar emulando a su mentor Schumacher ganando cómodamente y así pareció resarcir las heridas previas en donde los dedos índices se volcaron a su humanidad como mencionamos en Alemania.

Monza parecía entonces un botín a la vista. Con ocho años de sequía en victorias, el templo italiano de velocidad aparecía como una oportunidad de tomar venganza de los desfiles oprobiosos de la gendarmería alemana en el pasado reciente. Mas aún, había que detener el éxito de Hamilton con cuatro victorias que le colocaban a una sola de igualar a Michael Schumacher como el mas ganador. También estaba el factor sentimental con la reciente muerte del CEO Marchionne y por supuesto, una maquinaria que ya bastaba con ser denominada como la referencia y que con la demostración vista en Bélgica, tenia todo a favor para recuperar el liderazgo en los tableros de puntos.

El sábado en Monza, la Fórmula Uno asistió a uno de los mas notables espectáculos recientes en donde se mezclaron velocidad, pasión y compromiso. Kimi Raikkonen colgó una pole asombrosa que destruyó los records que ostentaba Juan Pablo Montoya en velocidad por vuelta promediada con el mejor registro. Previamente, había sido Hamilton quien lo había conseguido pero las Ferrari dieron un giro adicional y pudieron colocar sus poderosos caballos en la primera fila. El pequeño detalle es que no fue la punta de lanza -Vettel- quién estaba en pole y con Hamilton todo el fin de semana detrás por escasas décimas-milésimas, el riesgo estaba potenciado.

El éxtasis sabatino abrió entonces emociones al desafío dominical. Nadie esperaba que la primera chicana se sucediese de una manera tranquila. Las preguntas que rondaban los pensamientos de todos estaban en torno a como Ferrari triangularía el contexto. Vettel era el indicado para hacerse del liderazgo y terminar delante de Hamilton en pos del campeonato pero Kimi intentaría romper con su larga sequía personal desde 2013 y además, soliviantar los rumores que con fuerza sacudían el paddock italiano a favor de Charles Leclerc.

No fue en la primera chicana sino en la segunda, fue en la variante de La Roggia en donde Lewis que había traccionado una largada impecable, igualó su monoplaza con decisión y riesgo al de Vettel, metiendo el auto en la zona externa de la curva pero siempre correcto mientras Kimi desde la posición de cuerda se defenfía como podía. La mala suerte y la timidez del germano en la maniobra, le enganchó de la goma trasera del Mercedes dando un medio giro que acabó por enviarlo al fondo. Hamilton, lo había resuelto con la misma decisión de Sebastián en Spa, en los primeros compases de la competencia.

En adelante, la carrera quedaría signada para que Kimi Raikkonen al menos defendiese el honor ferrarista mientras Vettel remontaba desde el fondo. Pero no sería suficiente con la excelente voluntad del pragmático finlandés que entregó todo para generar una conducción nerviosa, de esas que apalean las gomas, pecado mortal en la Fórmula Uno moderna.

Desde el medio de la competencia, Raikkonen se vió atrapado por las Mercedes de Bottas y Hamilton. No tenía aire limpio y sí tenía un blistering notable en la rueda trasera izquierda, esa que lleva todo el apoyo constante en la mayor parte de la vuelta en Monza.

Mientras tanto, Hamilton mantenía un notable autocontrol. Su postre sería la consumación de su venganza la cual llegaría en el último tercio cuando solventado el esquema táctico con dos falsos amagos de detención en Mercedes, se posicionó tras la estela del finés que luchaba con las uñas conseguir la victoria. No fue posible tras otra maniobra de adelantamiento nítido, limpio y brillante en la primera chicane y hacerse del liderazgo y posterior victoria dejando en el podio a Raikkonen y al muy útil escudero en Bottas.

Son treinta dolorosos puntos a favor ahora del inglés. Las chiflas y penosas silbatinas no sirvieron ni el sábado ni el domingo para minar su resistencia y resiliencia. Hamilton abre nuevamente las opciones a un quinto campeonato y Vettel pierde otra vez porque comete los pecados en el momento justo donde se necesita temple y concentración. El enmudecimiento de la fanaticada presagia un Singapur cargado de presiones inimaginables. Mientras tanto, queda abierta cual conversación habrá y hubo entre Vettel y Ferrari cuando el teutón espetó por radio el sábado su incomodidad por la pole de Raikkonen producto de un “turno” a favor de su coequipero en la salida a pista decisiva en donde se aprovechó del “remolque” que le ofreció involuntariamente el germano.

Sí, son los pequeños grandes detalles en los que el factor humano puede saltar de la grandeza al equívoco. Y por ahora, Vettel y Hamilton están en direcciones opuestas con el líder probando que su misticismo positivo le mantiene enfocado y libre de pecados…

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Fernando Alonso: El alto costo de simplemente ser.

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Aún recuerdo bien aquel cable de la agencia “EFE” cuando Michael Schumacher probaba la Ferrari V12 una vez fichado por Maranello. Con auténtico desdén, la agencia española de noticias revelaba que aquello no tenía mayor significado y remataba señalando lo poco importante que era la Fórmula Uno para España. Hablamos de finales de 1995.

No sabría el redactor que apenas seis años más tarde un tal Fernando Alonso movilizaría a este mismo país que en realidad siempre tuvo cultura y conocimiento de motores e infraestructura para ello, para pasar a convertirse en una de las figuras emblemáticas del deporte español junto a monstruos como por mencionar alguno Rafael Nadal o Andrés Iniesta.

La llegada de Alonso generó el involucramiento de grandes capitales como empresas de telecomunicaciones y de distintas índoles, actividad fébril en categorías inferiores del automovilismo español inspirados en su héroe y muchos años de vilo, de celebración, euforia pero también de tristeza por los logros y desaguisados que rodearon al “principe de Asturias”

Alonso despierta fervor y pasión, aceptación o rechazo en pleno. Sus detractores más recónditos lo consideran un “Subproducto” para movilizar las masas en España y más allá de sus fronteras. Un sustituto de Schumacher a conveniencia de las maquinaciones de Ecclestone y compañia. Una manera de mantener el hilo de interés tras la catástrofe que significó la muerte de Senna.

Del otro lado de la moneda, se encuentra la sumatoria de millones de almas que convertidas en locutores de radio y TV, analistas de “Socialmedia” prensa desbocada a veces sin el más mínimo rubor de objetividad y muchísimos mortales que se convirtieron repentinamente en especialistas de Fórmula Uno que sentenciaron que -Hace rato- Alonso es más que la sumatoria de Fangio, Clark y Schumacher juntos.

Pero vamos, también ha sucedido en el Reino Unido con todo y la larga cantidad de apellidos que han protagonizado en Fórmula Uno. Y en México, y en Argentina…

La verdad, ha sido genial en medio de todo. la “Alonsomania” ha servido para muchísimas horas de discusiones, la mayoría llevada a buen término. Y todo porque básicamente es simplemente cómo es: Auténtico. Y eso puede ser tan bueno como malo en los extremos y máxime dentro de la centrífuga que es la Formula Uno. Por ser como fueron, Gilles Villeneuve y Ayrton Senna no están entre nosotros. Y recuerdo entonces los dramáticos accidentes que tuvo el “nano” sea en Interlagos a principios de década pasada o en Melbourne en tiempos mas recientes.

Así, llegamos a este 14 de Agosto en donde decide colgar el casco en Fórmula Uno. Aunque deja abierta la rendija del retorno, basta con leer entre líneas su anuncio para saber que las probabilidades de que lo haga serán remotas. Su problema base es que no consigue un auto ganador o que siquiera le permita acercarse al podio. Pese a que confesamente es admirado en la grilla por enemigos y amigos, su actitud siempre hostil, defensiva, cáustica y como no -Genial y propia- le ha valido ser practicamente vetado en las tres fuerzas que dominan la Fórmula Uno actual desde hace ya algunos años.

Vetado, porque sea por su caracter innato o sea porque aprendió a moverse con los codos por la escuela “Briatore” Alonso cometió algunos errores actitudinales que le valieron una reputación complicada a lo largo de la parrilla. Errores grandes, gruesos. Desafió estructuras tan inflexibles como Ferrari lo cual es bastante decir.

Cuando Alonso migra con el éxito consagrado desde Renault a McLaren en un movimiento sensacional e inesperado, dejó su impronta en un caos interno del que formó parte. Razones mas, razones menos, llegó al extremo de atacar a su equipo y comprometerle para que luego estallara el “Spygate” con las consecuencias que todos conocemos. Siempre me quedó la duda ¿Un asunto de una jerarquía no respetada en un equipo que siempre fue abierto a la lucha interna como se demostró con Senna-Prost y Hakkinen-Coulthard?

Tras un forzozo regreso a la descafeinada Renault, Alonso tuvo la gran oportunidad de su vida al fichar por Ferrari. Nuevamente, la espectacularidad del suceso estremeció a la Fórmula Uno. El momento del ansiado tricampeonato y mucho más podría haber llegado. Necesitaba trabajar sin embargo, por largo rato y aguantar estoico. Liderar, escuchar, aportar y por supuesto, pisar a fondo. Tuvo una clara jerarquía designada como vimos ante el maleable Massa y pudo dominar sin ambages al duro Raikkonen. Pero no fue suficiente. Estuvo, cerca, muy cerca para finalmente renunciar a Maranello no sin antes desafiar a su jefatura. Perder en 2010 o en 2012 en el último hálito fue demasiado. Estaba convencido de que Ferrari no podría ganar. Y si bien ha pasado mucho tiempo desde su marcha y en efecto, no ha ocurrido, somos muchos los que pensamos que en 2017 habría ganado tomando en cuenta su poca predisposición a ceder bajo presión y cometer errores.

Lo mas difícil vino después: Caer en la tentación y en el juego de egos con Ron Dennis para regresar a McLaren. El proyecto con Honda le sedujo. Alonso no sacó cuentas, no reflexionó sobre la brújula perdida de Woking y sobre los riesgos que suponía la maniobra. Pudo mas el dinero, las promesas, el contrato y el orgullo de irse con el máximo rival de Ferrari. McLaren y él, se tenían que demostrar que eran tan grandes como para dejar atrás ese divorcio turbulento.
Y no funcionó como vimos. La primera señal vino de aquel incidente premonitorio en la pretemporada 2015 con el casi electrocutamiento del español. Sería el inicio de una desasroza, desordenada, dramática e inexitosa progresión que finalizó en 2017 con poca duda atizada por los vivos reclamos del español al motorista.

Finalmente, y aprovechando el resquicio de su contrato, Alonso decide marchar para seguramente dar mas marcha a su plan alternativo: Consagrarse como una “rara avis” capáz de adaptarse rápidamente a competencias distintas de lo mas alto del mundo a motor. Ya logró este año las 24 de Le Mans -Aunque justo sea decir que con un material muy superior al resto- y apuesta seguramente a Norteamerica con la Indy 500 en mente tras el buen sabor de la experiencia de 2017.

De los grandes momentos de Alonso podemos recordar muchos. Su primera victoria con aquel estilo tan depurado en Hungría, su momentazo con Suzuka y la 130R nada menos que luchando contra Schumacher. Su épica victoria en Valencia 2012, la espectacular contención a -Otra vez- Schumacher en Ímola 2005, o Singapur 2010 dejando exhausto a un Vettel que tenía un auto muy superior. Sin embargo, fue en 2017 cuando dejó bien patente su génesis de fenómeno cuando estaba en el “Pack” de potenciales ganadores de las 500 de Indianápolis hasta que su motor -Honda para mas señas- nuevamente cedió.

También, nos deja la cabeza impregnada de su impotencia cuando Petrov se convirtió en su muralla de frustración en Abu Dhabi 2010, o cuando minimizó a Vettel al señalar que competía contra Adrián Newey lo cual era de paso una bochornosa reclamación a Ferrari admirando a los autos de Red Bull.
Ni que decir de sus respuestas a la prensa y especialmente a los “team radio” algunos cargados de esa esencia de pureza de su caracter y otros de una acritud que desalentaría al mas motivado mentor de organizaciones corporativas.

El final ha llegado y las esperanzas de retorno no parecen tener mayor asidero. Alonso hará falta, mucha falta pero la Fórmula Uno superó eventos como la muerte de Senna demostrando que con todo la imperfecta que es, todos serán necesarios pero jamás indispensables. Al margen de lo que pueda conseguir en sus nuevos derroteros del automovilismo mundial, buscando afanosamente que se le reconozca como el piloto mas completo de la historia de la competición, al nano siempre le quedará esa duda sobre como se habría llenado su alforja de logros de muchos éxitos a no ser porque simplemente contuviera esa necesidad de ser, esa superposición de la actitud en pos de sus indudables aptitudes.

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